volar.
Dice un dicho que no todos los que deambulan están perdidos. Yo pienso que la sociedad ha dado un significado negativo a estar perdido, por lo que nuestro subconsciente asocia el hecho de estar perdido a algo terrible, a algo mal visto, a una situación de la cual se debe salir inmediatamente.
Estar perdido no debería ser un término negativo. Estar perdido tiene tras de sí un proceso por el que vale la pena afirmar que se está perdido.
Cuando una persona está "perdida" es digno de valorar. Que una persona esté perdida significa que ha roto con su monotonía, con su estabilidad, que ha decidido salir de la burbuja rutinaria. Esa persona ha sido lo suficientemente valiente como para romper con lo socialmente correcto y establecido y ha decidido buscar su equilibrio. Sí, irónicamente ha roto con su estabilidad para buscar su equilibrio, su libertad.
Sí, estoy perdido, pero lo afirmo rotundamente y me alegro de estar perdido. Estoy buscando dentro de mí para estar a gusto conmigo, e indirectamente estoy buscando un sitio fuera de mí en el que también lo esté. Estoy buscando qué me mueve, qué me eriza el pelo, qué me excita, qué me hace llorar y reír a la vez. Estoy perdido, pero me gusta.
Y es que nadie sabe en dónde se mete cuando se adentra en este camino de la perdición. Es un camino largo y duro, que te pone a prueba en numerosas ocasiones y que te hace replantearte el volver a esa estabilidad. Te hace sacrificar cosas, arrepentirte de acciones y a veces hacerte sangrar el alma. Pero descubres que cada día, tras cada herida, creces un poco más. Sientes que tus pies ya no caminan como autómatas si no que se sienten más ligeros. Sientes que sonríes sin motivo y que liberas tanta energía que es hasta contagiosa. Sientes que ganas libertad. Sientes que vuelas. Porque el propósito, al fin y al cabo, es volar. Quizá no lleguemos al objetivo, pero disfrutaremos de las vistas durante el camino.